SIMPECADOS
Donde la Virgen se asoma
Si buscamos la palabra Simpecado en el diccionario encontraremos una única acepción: «tipo de insignia que hace referencia al dogma de la Purísima Concepción de María». De este modo podremos leer en muchos de ellos el lema SINE LABE CONCEPTA (Sin pecado concebida). Pero esta definición queda incompleta si nos referimos a los Simpecados rocieros, donde cada barrio, pueblo o ciudad crea su particular icono devocional. EL motivo principal es la representación plástica de Santa María de las Rocinas, bien sea bordada, pintada o esculpida en barro, madera, marfil u otros materiales. Está acompañada de una serie de aditamentos decorativos cuya finalidad, en primer lugar, es realzar la imagen de la Santísima Virgen y en segundo lugar, crear o reivindicar una identidad como Hermandad filial. A nivel sentimental, el Simpecado rociero adquiere una doble función que va a cambiar de acuerdo a las circunstancias del culto. Por un lado, en presencia de la Señora, durante la estancia del mismo en la aldea Almonteña queda relegado a un segundo plano; pero, por otro lado, cuando permanece el resto del año en su lugar de origen o en los caminos de ida y vuelta, el Simpecado se desprende de su carácter de simple estandarte y es venerado con la misma predilección que cualquier otra representación mariana. Podemos ilustrar esta afirmación con una muestra del tesoro de nuestras coplas, en este caso con unos versos del trianero Aurelio Verde Carmona: De la Virgen del Rocío el Simpecado un espejo que tienen las hermandades «pa» conservar su reflejo Simpecado de La Puebla donde la Virgen se asoma aunque la vuelvan de espaldas ¡Viva la Blanca Paloma! La Puebla ha tenido dos espejos, dos reflejos diferentes de la Blanca Paloma. Uno sentó las bases de la devoción, el otro la consolidó y sembró de rocierismo el pueblo entero. Uno, presenta la imagen de Nuestra Señora pintado al óleo sobre lienzo (1) por el prestigioso ceramista y pintor sevillano Enrique Orce (actualmente esta obra se conserva en el sagrario de nuestra Parroquia). Pero en el otro, es donde realmente la Virgen se asoma a través de la pequeña escultura realizada por Francisco de Buiza, que sesenta y cinco años después continúa siendo nuestro faro y guía en los caminos. La estructura completa del estandarte, crea un icono a través de sus formas, símbolos y elementos decorativos. Por lo tanto, vamos a hablar de dos imágenes de la Virgen, que han presidido cuatro Simpecados diferentes (Dos cada una). Aunque habría que señalar que ha existido una reutilización de elementos entre unos y otros, además del proceso de transformación constante que sufrió nuestro cuarto Simpecado hasta llegar a su concepción actual.
SIMPECADO PRIMITIVO 1935-1945
Fue bordado por las Salesas Reales en plata y oro sobre terciopelo azul oscuro, presentando motivos vegetales y florales que enmarcaban a la pintura de Enrique Orce. Actualmente no se conserva la estructura de este primer Simpecado que tuvo la Hermandad, pero por suerte si que se conserva la pintura original de la Santísima Virgen del Rocío del primitivo Simpecado, y se encuentra enmarcada en un ovalo en el Sagrario de la Parroquia de Nuestra Señora de la Granada.
En el año 2006, Doña María Pepa Mova Pérez (Q.e.p.d.) donó a la Hermandad una réplica de este Simpecado realizada en el taller del bordador bollullero Benjamín Pérez Pérez, con una pintura del cigarrero Jesús Lora Vera. Así lo describió nuestro paisano Ángel Peralta Pineda (Q.e.p.d.) en el fragmento de una de sus sevillanas: … Aquel primer Simpecado bajó del cielo en azul bordado con plata y oro por finas manos de luz …
SEGUNDO SIMPECADO 1945-1952
El segundo Simpecado (1945-1952) tampoco se ha conservado. Quizás sea el más desconocido, ya que su duración fue corta y quedan pocos testimonios gráficos. En esta ocasión, se optó por el color rojo liso para la tela del fondo y su forma estuvo inspirada en la del Simpecado de nuestra Hermandad madrina. Continuó portando la pintura de Enrique Orce, esta vez enmarcada por el óvalo de orfebrería en plata. La incorporación de esta pieza tan singular dotó al Simpecado de una mayor identidad y será el punto de partida para los diseños posteriores.
TERCER SIMPECADO 1952-1965

El tercer Simpecado (1952-1965) supuso un cambio radical al sustituir la pintura por la escultura . También se comenzó a emplear tisú dorado para el fondo, siendo una elección invariable en los sucesivos cambios. El contorno vuelve a variar, presentando la parte superior recta y la inferior con tres picos curvos. En la Casa Hermandad se conserva y expone la tela original casi al completo, ya que una parte fue cortada para hacer relicarios. Además tiene la singularidad de haber sido entronizado en el antiguo cajón de madera y también en la carreta de plata. Este Simpecado fue donado en 1952 por Don Ángel Fernández Terán (Q.e.p.d.). y Don José Fernández Campos (Q.e.p.d.). El autor de nuestro Himno, el cigarrero Martín Vega Sanz (Q.e.p.d.) dejó constancia por esos años del revuelo que supuso su estreno: Va estrenando La Puebla «miarma» un Simpecao Dos hermanos devotos «miarma» lo han regalao Con que alegría venimos este año de romería.
ACTUAL SIMPECADO
El cuarto Simpecado (Finales de los Sesenta hasta la actualidad) es más complejo de analizar por haber sufrido una serie de variaciones considerables hasta llegar al estado actual. En una primera etapa , se define el contorno inferior en dos picos rectos y el superior mixtilíneo donde se incluirá otra pieza de orfebrería en plata, esta vez coronando la estructura. También se completa el interior de la orla que enmarca la escultura con un fondo de terciopelo granate, imprimiéndole un mayor realce a la figura de la Virgen.
El segundo paso se dará a mediados de los años Setenta, cuando se circunda el resto del contorno con nuevas piezas de plata. Estos revestimientos de orfebrería imprimen una personalísima imagen al Simpecado y de algún modo completan su carácter icónico actual. En los últimos años de esta etapa se enriqueció el fondo de tisú con varios apliques de plata, primero dos ángeles y años más tarde dieciocho estrellas.
«…Simpecado de La Puebla hecho de carne de plata los toros en la marisma son tus guerreros con lanzas…» Esta sevillana, salida también de la pluma del «Centauro de La Puebla» , nos muestra el clima de identidad y satisfacción que se estaba fraguando en nuestra Hermandad por aquellos años. La siguiente transformación se llevó a cabo a principio de los años Noventa, ampliando unos centímetros el ancho de la estructura. Esto se produjo con el fin de sustituir el fondo en tisú liso por uno nuevo bordado en oro. Para rellenar el vacío en la unión de los picos inferiores, se añadió otra pieza en plata, el escudo de nuestro municipio. Por último, durante el año 2007, tras aprobación por unanimidad, en Cabildo Extraordinario, celebrado por la Real e Ilustre Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de La Puebla del Río, el día 10 de Noviembre de 2006, se procedió a la restauración de nuestro SIMPECADO
Dicha restauración se realiza en lo referente al bordado, el cual, es en su totalidad es sustituido por uno nuevo, así como el óvalo y enriquecimiento del traje de la Virgen y el Pastorcito, por el taller de Don José Antonio Grande de León.
La restauración de la orfebrería, es realizada por el taller de Villareal, plateando todas las piezas de orfebrería, así como una pequeña restauración en la corona de la Virgen. También es restaurada y tratada la Virgen y el Pastorcito, en el taller de Don José Maria Leal Bernáldez.
Estas fotografías nos envuelven en la añoranza del Rocío de antaño, aunque también nos afirman que nuestra Hermandad no paró hasta conseguir el más bello telón que presentase a su Virgen «chiquetita». A La Puebla todo le ha parecido poco para realzar a su Simpecado. Ese que bajó del cielo en azul, luego se fue tiñendo de oro y terminó revistiéndose de carne de plata. Pero siempre fue, es y será espejo donde la Virgen se asoma.

